España y Francia comparten la dicha de ser los progenitores del macizo calcáreo más alto de Europa, el de Monte Perdido. La UNESCO, atenta a la grandeza y belleza de su paisaje pirenaico lo declara en 1997 Patrimonio de la Humanidad. Y el paisano de un lado y otro de la muga, orgulloso de este reconocimiento y manteniendo viva una costumbre que se hunde en los tiempos, transita y fraterniza por caminos y senderos como estos.